Experiencia seleccionada · Chengdu
Chengdu, China
Un monje talló un Buda de setenta metros para calmar un río que mataba, y el escombro que echó al agua funcionó de verdad.
Be one with the hundreds of devout Buddhist pilgrims paying homage to this ancient wonder.
The entire statue is made of stone, except for the ears which were crafted out of wood and covered with clay.
Eat and be merry! Don't miss out on uniquely Leshan delicacies as you explore the scenic areas.
Un monumento devocional que fue además una obra de ingeniería fluvial
Doce siglos de supervivencia explicados por una fontanería escondida
La cabeza de cerca y la figura entera desde el agua
Un vehículo privado para cuatro horas de carretera
Los tiempos decididos con un guía y no por un autocar
Una jornada privada desde Chengdú a Leshan y vuelta —unas ocho horas con guía, conductor y vehículo propios— para ver el Gran Buda tallado en el acantilado sobre la confluencia de tres ríos.
El Buda lo empezó en 713 un monje llamado Haitong, y el propósito no era solo devocional. Tres ríos se juntan bajo este acantilado, y las turbulencias de la confluencia destrozaban barcas y ahogaban tripulaciones con una regularidad siniestra. El objetivo declarado de Haitong era calmar el agua.
Funcionó, y no por milagro. Tallar una figura de setenta metros en un acantilado produce un volumen enorme de roca sobrante, y ese escombro fue a parar al río de abajo, alterando el lecho, suavizando las corrientes y haciendo la confluencia medibles veces más segura. El acto devocional y la solución de ingeniería fueron el mismo acto.
De Haitong se cuenta además que, cuando las autoridades locales intentaron quedarse con los fondos que había reunido, se arrancó los ojos para demostrar que el proyecto no era un negocio.
Una figura de piedra de este tamaño, expuesta en un acantilado húmedo durante doce siglos, debería haberse erosionado hace mucho. No ha ocurrido porque se diseñó con un sistema de drenaje oculto.
Hay canales que recorren los rizos del pelo, la parte de detrás de las orejas y los pliegues del manto, y sacan el agua de lluvia de la piedra en vez de dejar que empape y se meta en la superficie. Mira la cabeza desde la plataforma de arriba y lo que parece un detalle decorativo es fontanería funcional, puesta ahí por gente que sabía exactamente qué le hace el agua a la arenisca con el tiempo.
La escalera excavada en el acantilado junto al Buda es estrecha, empinada y de un solo sentido en fila, y es la única forma de bajar por delante de la figura. En temporada alta la espera para descender puede irse a horas, y una vez dentro no avanza deprisa.
Tu guía te aconsejará sobre la hora, y la alternativa que conviene conocer es el río: una barca te da la figura entera de una vez, vista como estaba pensada desde una embarcación que navega la confluencia. Mucha gente hace las dos cosas, y quien va justo de tiempo o duda ante unas escaleras empinadas pierde sorprendentemente poco eligiendo el agua.
Son unas dos horas por sentido, así que aproximadamente media jornada es carretera. Con vehículo privado ese rato es tuyo para dormir.
Lleva agua, con qué cubrirte del sol y calzado con agarre: los peldaños de piedra están gastados y resbalan con humedad. Si quieres combinar Leshan con la base de pandas o una calle de Chengdú, acuérdalo con tu guía al principio, porque las dos cosas no caben bien en las mismas ocho horas.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Para calmar el agua. Tres ríos se juntan bajo el acantilado, y la turbulencia de la confluencia destrozaba barcas y ahogaba tripulaciones con regularidad siniestra.
Sí, y sin milagro. El enorme volumen de roca sacado del acantilado fue a parar al río, alterando el lecho y suavizando las corrientes.
Un monje llamado Haitong, que empezó la obra en 713. Cuando las autoridades intentaron quedarse con los fondos que había reunido, se cuenta que se arrancó los ojos para demostrar que no era un negocio.
Por un drenaje oculto. Hay canales por los rizos del pelo, detrás de las orejas y por los pliegues del manto que sacan el agua de lluvia en vez de dejar que empape.
Cuando lo sabes, sí. Desde la plataforma de arriba, lo que parece un acabado decorativo en la cabeza es fontanería funcional.
Es estrecha, empinada y de fila única, y es la única forma de bajar por delante de la figura. En temporada alta la espera puede irse a horas.
El río. Una barca te enseña la figura entera de una vez, como estaba pensada: desde una embarcación que navega la confluencia.
Acuérdalo con tu guía al principio. Leshan y una atracción importante de Chengdú no caben bien las dos en ocho horas.