Experiencia seleccionada · Chamarel
Chamarel, Mauricio
Las dunas de colores se reordenan solas tras cada aguacero, porque los minerales que las forman pesan distinto y no vuelven a mezclarse.
Un paisaje que se reorganiza solo después de llover
La cascada más alta de la isla, que llega en dos brazos
El último tramo continuo de bosque autóctono
Paisaje interior que las estancias de playa no ven nunca
Una ruta de mañana que deja la tarde libre
Seis horas por el suroeste de Mauricio en autocar compartido: la cascada de Chamarel, las dunas de colores que hay sobre ella y el trayecto por las gargantas de Black River, con explicaciones por el camino.
Las dunas de colores no están pintadas, ni teñidas, ni dispuestas. Son lo que queda después de que la lava basáltica se descompusiera durante muchísimo tiempo en un clima tropical húmedo.
Al deshacerse la roca, sus minerales se separaron. Los óxidos de hierro dieron rojos y marrones; los de aluminio, azules y violetas; el resto quedó en algún punto intermedio. Lo importante viene ahora: esos óxidos tienen densidades distintas y se niegan a volver a mezclarse. La lluvia corre por las dunas, las partículas se redistribuyen y vuelven a asentarse por peso en las mismas bandas en que estaban.
Eso es lo verdaderamente extraño del sitio. La erosión normalmente difumina y mezcla. Aquí reordena, así que las franjas se recomponen solas tras cada aguacero, y la superficie que fotografías no es una reliquia conservada sino un patrón que la lluvia reconstruye una y otra vez.
Las cataratas de Chamarel caen unos cien metros de un solo salto, lo que las convierte en las más altas de la isla, y el río llega al borde en dos corrientes separadas que caen una junto a otra a la misma poza.
El caudal varía enormemente. Tras lluvias fuertes las dos hebras se funden en una sábana ancha; en época seca se afinan hasta ser cintas y el farallón de basalto de detrás pasa a ser el protagonista. Cualquiera de las dos versiones merece el paseo corto desde la carretera, pero la diferencia es tal que fotos tomadas con meses de separación parecen sitios distintos.
Black River Gorges es el mayor espacio protegido de Mauricio y existe porque casi todo lo demás se desbrozó.
El cultivo de caña se quedó con las tierras bajas y los animales introducidos con buena parte del resto, así que el bosque autóctono de la isla sobrevive sobre todo en estos valles empinados donde plantar no salía a cuenta. Las aves más raras del país viven en ese remanente: especies que estuvieron a un puñado de individuos de desaparecer y a las que décadas de trabajo intensivo devolvieron del borde. Desde los miradores estás viendo el último tramo continuo de lo que fue la isla entera.
Es un tour en autocar compartido, así que los horarios y las paradas los marca el grupo y no tu propio ritmo.
Los paseos son cortos, pero el terreno del mirador de la cascada es irregular y puede resbalar tras la lluvia. La tierra de colores se contempla desde una plataforma y no se permite caminar por las dunas, por razones que las propias franjas explican. El interior es bastante más fresco y húmedo que la costa: llévate un impermeable ligero aunque la mañana amanezca despejada junto al mar.
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El nombre dice siete, y contarlos con honestidad es más difícil de lo que parece: las bandas se funden entre sí y la luz cambia lo que llegas a distinguir.
De minerales separados. Los óxidos de hierro dan los rojos y marrones; los de aluminio, los azules y violetas.
Los óxidos tienen densidades distintas y no vuelven a mezclarse. La lluvia redistribuye las partículas y estas se reasientan por peso en las mismas bandas.
Se rehace. La erosión suele mezclar; aquí reordena, así que la superficie es un patrón que la lluvia recompone y no una reliquia conservada.
No. Se contemplan desde una plataforma construida, por razones que las propias franjas explican.
Poco: unos minutos desde donde para el autocar hasta el mirador, por un camino acondicionado.
Temprano, antes de que se acumulen los grupos y mientras la luz todavía entra en el barranco.
La caña se quedó con las tierras bajas y los animales introducidos con gran parte del resto. El bosque nativo aguantó donde el terreno era demasiado empinado para plantar.