Experiencia seleccionada · Geneva
Geneva, Suiza
Tres horas sobre el terreno al otro lado de la frontera: el obispo que Ginebra expulsó, la prisión en medio del río y cómo un lago que se ahogaba volvió a estar limpio.
Un paseo conducido por los callejones antiguos y junto a los canales
Una pausa para fotografiar el monumento plantado en mitad del canal
Tiempo propio junto al agua y por las calles del mercado
El museo del castillo como opción, con la entrada abonada allí
Un paseo corto en barco por el lago en las salidas donde va incluido
Un trayecto corto al sur de Ginebra, cruzando la frontera hacia Saboya, hasta una ciudad construida en torno al desagüe de un lago. Cinco horas suenan generosas y no lo son: una hora de carretera en cada extremo deja unas tres sobre el terreno, suficientes para el casco antiguo y un tramo de orilla, e insuficientes para ambos más el castillo.
El vínculo entre los dos sitios es más fuerte de lo que sugiere la distancia. Cuando la Reforma se impuso en Ginebra, el obispo católico dejó de ser bienvenido allí y trasladó su sede aquí abajo, donde permaneció unos doscientos cincuenta años. La ciudad creció metida en ese papel, y por eso un lugar de este tamaño tiene las iglesias y las instituciones que tiene. El más conocido de aquellos obispos está enterrado en una basílica en la colina de arriba.
La pequeña construcción de piedra que se planta en el canal como un barco amarrado data del siglo XII y ha sido, sucesivamente, casa particular, tribunal, casa de la moneda y prisión. Todavía retenía presos durante la Segunda Guerra Mundial, entre ellos miembros de la Resistencia. La mayoría la fotografía desde el puente sin saber que estuvo en uso en tiempos que muchos recuerdan.
El canal que atraviesa el centro lleva el desagüe del lago y mide solo unos kilómetros desde el nacimiento hasta la confluencia, lo que lo sitúa entre los más cortos de Francia. Y además hizo todo el trabajo. Su desnivel movió molinos, fraguas y después fábricas, y la ciudad fue un centro industrial serio de algodón, papel e ingeniería de precisión mucho antes de que nadie viniera aquí por el paisaje. Los canales son infraestructura, no decoración.
No siempre lo estuvo. Hacia 1950 el lago se ahogaba con las aguas residuales de los pueblos de alrededor. La respuesta, insólitamente temprana e insólitamente decidida, fue rodear el lago entero con un colector que lo recoge todo y se lo lleva aguas abajo. Las obras empezaron en 1957. Se recuperó por completo, y el esquema se ha copiado en otros sitios desde entonces. Lo que estás mirando es una obra de ingeniería ambiental que salió bien, algo más raro de lo que debería.
Martes, viernes y domingo, por los callejones antiguos y bajo los soportales. Esos días la ciudad está en su mejor momento y también en el de más gente; los demás días esas mismas calles están tranquilas y las tiendas son corrientes. Conviene saberlo antes de elegir fecha.
Levanta la vista sobre el extremo lejano del lago y habrá parapentes, a menudo docenas. Las laderas de la orilla sur generan térmicas fiables y el deporte tiene aquí una casa seria, con competiciones en la cresta. Es un buen motivo para apartar un momento la vista de los escaparates.
Esto es francés solo desde 1860, cuando el territorio pasó por tratado y plebiscito desde el reino de Cerdeña. La cruz blanca sobre rojo que ves en edificios y matrículas es saboyana, no un adorno, y los vecinos mayores siguen haciendo la distinción.
El museo del castillo se abona aparte y no lo cubre la reserva. Lleva documentación, porque el recorrido cruza una frontera nacional. Las comidas corren de tu cuenta. La cancelación es gratuita hasta un día antes.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Dan para los callejones antiguos y algo de orilla. Con una hora de carretera en cada extremo quedan unas tres a pie, así que el museo del castillo tiene que desplazar otra cosa si lo quieres.
Sí: el obispo católico de aquella ciudad trasladó aquí su sede cuando se impuso la Reforma, y aquí siguió unos dos siglos y medio. Las iglesias y las instituciones de la ciudad vienen de ese periodo.
Una construcción del siglo XII que fue sucesivamente casa, tribunal, casa de la moneda y prisión, y que aún retenía detenidos durante la Segunda Guerra Mundial, incluidos miembros de la Resistencia.
Llevan el desagüe del lago, que en total mide solo unos kilómetros y figura entre los cursos más cortos de Francia. Su desnivel movió molinos, fraguas y fábricas: la ciudad fue industrial mucho antes que pintoresca.
Por un plan iniciado en 1957 que rodeó el lago entero con un colector que recoge los residuos de cada pueblo y los lleva aguas abajo. El agua estaba muy degradada y se recuperó del todo.
Las mañanas de martes, viernes y domingo. Son los días más animados y también los de más gente; fuera de ellos esas mismas calles están tranquilas y resultan bastante menos interesantes.
Lleva documentación, porque el recorrido cruza una frontera internacional. El museo del castillo se abona aparte allí mismo y las comidas corren de tu cuenta.