Experiencia seleccionada · Frankfurt
Frankfurt, Alemania
Los montes donde nace el Danubio, una catedral que fue la más alta del mundo dos siglos, un reloj que suena a las doce y media y un barrio con nombre de enfermedad.
Un largo trayecto al sur por valles de abetos, con paradas para bajarse a mirar
Tiempo propio en un casco antiguo que se cruza en un cuarto de hora
Un día transfronterizo que no te obliga a planificar nada
Una ruta que cambia el nacimiento de un río alemán por una isla fluvial francesa
Una jornada de diez horas desde Fráncfort hacia el sur, hasta la Selva Negra, y cruzando el Rin hasta Estrasburgo, con tiempo libre y sin guía en la ciudad francesa al final del trayecto. Dos países, un autocar, un día.
La carretera es el armazón: tramos largos hacia el sur por valles boscosos, paradas para fotos y un paseo por un pueblo, después la frontera y un par de horas por tu cuenta en Estrasburgo. El casco antiguo de la ciudad está en una isla del río, lo que hace casi imposible perderse del todo, y allí nada queda a más de quince minutos de nada.
En estos montes nacen dos arroyos, el Breg y el Brigach, y donde se juntan se convierten en el Danubio. Desde ese punto el agua corre hacia el este casi dos mil novecientos kilómetros por diez países hasta llegar al mar Negro. Los romanos llamaron a toda la cordillera Silva Nigra —bosque negro— porque la bóveda de abetos tapaba tanta luz que el suelo seguía a oscuras al mediodía. Ambos datos son el mismo: árboles densos, mucha lluvia y ríos que empiezan pequeños aquí y acaban enormes en otra parte.
La catedral de Estrasburgo ostentó ese título desde el siglo XVII hasta la década de 1870, una racha más larga que la de cualquier construcción posterior. Está hecha de arenisca rosa de los Vosgos y tiene una sola torre en vez de dos: la segunda estaba proyectada, con cimientos incluidos, y sencillamente nunca se levantó. La fachada asimétrica no es un daño; es un plan inacabado que dejó de molestar a todo el mundo.
Dentro hay un reloj astronómico cuyo mecanismo actual data de 1842. Sigue los años bisiestos, calcula la fecha de la Pascua y hace desfilar a los apóstoles ante una figura de Cristo una vez al día: a las doce y media, no a las doce, resto de cuando la ciudad se regía por su hora local. La gente hace cola para verlo.
El barrio más bonito, todo entramado de madera y canales, toma su nombre de un hospital del siglo XVI que allí acogía a hombres con sífilis, que los alemanes de la época llamaban el mal francés. En los canales trabajaban curtidores y molineros; lo pintoresco llegó mucho después.
El paso de frontera no está atendido y lo cruzarás sin enterarte, pero conviene llevar pasaporte o documento nacional de identidad igualmente. En ambos lados se usa el euro. El casco antiguo de Estrasburgo es de adoquín de punta a punta. Las comidas, las entradas a museos y el acceso a la torre de la catedral se resuelven aparte, y la cancelación es gratuita hasta un día antes.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Unas diez horas desde Fráncfort ida y vuelta, buena parte conduciendo hacia el sur y de regreso, con tiempo libre en Estrasburgo y paradas en el bosque por el camino.
Sí. El Breg y el Brigach nacen en estos montes y se convierten en el Danubio donde se juntan; desde ahí corre casi dos mil novecientos kilómetros al este por diez países hasta el mar Negro.
Los romanos lo llamaron Silva Nigra porque la bóveda de abetos tapaba tanta luz que el suelo seguía oscuro a mediodía. El nombre sobrevivió a los romanos unos dos mil años.
La segunda estaba diseñada y cimentada, pero nunca se construyó. Lo que parece daño o extravagancia es simplemente un plan inacabado, y aun así el edificio fue el más alto del mundo durante dos siglos.
Una vez al día, a la media de las doce. El mecanismo actual se instaló en 1842 y lleva la cuenta de los bisiestos y de la fecha de la Pascua; el desfile en sí dura unos minutos y conviene situarse con antelación.
De un hospital del siglo XVI que allí atendía a hombres con sífilis, llamada entonces el mal francés. El entramado y los canales fueron un barrio de curtidores y molineros mucho antes de resultar pintorescos.
El paso en sí no está atendido y no te pararán, pero lleva pasaporte o documento nacional de identidad. Hay controles aleatorios, y es una frontera internacional de verdad.