Experiencia seleccionada · Frankfurt
Frankfurt, Alemania
Una vuelta que enlaza cuatro barrios sin casi nada en común: una plaza medieval rehecha a partir de fotografías, un grupo de torres que existe porque un plan lo permite, una ribera de museos reunida a propósito y el barrio de la sidra.
Reembarque ilimitado en un mismo circuito urbano
Cubierta superior abierta para fotografiar el perfil y la ribera
Comentario grabado mientras avanza el recorrido
Un centro histórico rehecho y un distrito de torres planificado en una sola vuelta
Paso cómodo a la hilera de museos de la orilla sur
Una parada para el barrio tradicional de la sidra
Un circuito exprés con paradas libres por Frankfurt, que resulta ser la manera sensata de ver una ciudad cuyas partes se niegan a estar juntas. El centro medieval, el racimo de torres, la orilla de los museos y el barrio de la sidra son cuatro sitios distintos, y el recorrido existe sobre todo para resolver la distancia entre ellos.
Las casas de entramado del Römerberg se fotografían como si nunca les hubiera pasado nada. El casco antiguo de Frankfurt fue destruido en una sola noche de bombardeo en marzo de 1944, y lo que hoy se levanta allí es reconstrucción: la plaza en los años ochenta, y el barrio entre ella y la catedral apenas en 2018.
Ese tramo más reciente reúne treinta y cinco edificios, quince de ellos reconstrucciones levantadas a partir de levantamientos, fotografías y piedra recuperada de casas perdidas en la guerra. Los demás son proyectos nuevos obligados a comportarse como sus vecinos. Ahí de pie se mira un paisaje medieval más joven que casi toda la gente que lo cruza, y la discusión sobre si una ciudad debe hacer algo así duró años antes de colocar la primera piedra.
Ningún otro centro urbano alemán tiene este aspecto, y no es un azar de la riqueza. Frankfurt zonifica sus rascacielos a propósito, mediante un plan marco que nombra los solares donde se permiten torres y deja bajo todo lo demás. El perfil es por tanto un objeto proyectado, agrupado y no disperso, y por eso se lee como un distrito pequeño y definido en vez de un reparto de edificios altos.
El apodo que le da el resto del país es cariñoso y un punto burlón, y va justamente de esa silueta.
La ribera sur del Meno reúne una docena larga de museos casi hombro con hombro: una política cultural deliberada de los años setenta y ochenta que puso las colecciones de la ciudad en un mismo tramo caminable en lugar de repartirlas. Se cruza un puente desde el distrito bancario y ya se está dentro.
Más allá queda Sachsenhausen, donde están las tabernas de sidra de manzana y donde la bebida local se sirve en jarra de gres y se toma tan en serio como en cualquier sitio se toma su costumbre regional.
Se sube en cualquier parada oficial del itinerario y el billete permite volver a subir cuantas veces se quiera, así que el circuito funciona tanto de lanzadera como de visita. La cubierta alta es descubierta y mucho mejor para fotografiar, y bastante más fría en cuanto cambia el tiempo. A bordo suena el comentario. El tráfico por el centro se espesa a última hora de la tarde, y la luz sobre las torres desde los puentes del Meno es justo entonces la mejor: hay que elegir una de las dos.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Porque los puntos de interés de Frankfurt están en cuatro barrios a ambos lados del río, y la vuelta los enlaza sin resolver cada enlace por separado.
Es una reconstrucción. La zona quedó arrasada en la guerra, se rehízo por etapas en las décadas siguientes y el tramo junto a la catedral se terminó en 2018.
Quince de los treinta y cinco edificios del tramo más nuevo se rehicieron a partir de documentación histórica; el resto son proyectos actuales con la misma escala y materiales.
Porque los planifica. Un plan marco fija los solares concretos donde pueden levantarse torres, lo que las mantiene en un grupo apretado.
Una sucesión concentrada de museos, situada ahí por una política cultural que reunió las colecciones de la ciudad en un solo tramo caminable.
A Sachsenhausen, al sur del río, el barrio tradicional de la sidra de manzana y de las tabernas que la sirven.
Arriba, al descubierto, para las vistas y las fotos; abajo, cerrada, cuando hace frío o llueve, y conviene estar dispuesto a cambiar a mitad de recorrido.
A última hora de la tarde, cuando se espesa el tráfico del centro, que es también cuando las torres se ven mejor desde los puentes: las dos cosas no casan.