Experiencia seleccionada · Pekín
Pekín, China
La Colina de la Longevidad está hecha con la tierra excavada para abrir el lago Kunming, y el barco de piedra de la orilla se reconstruyó con dinero destinado a la armada imperial: buena parte es madera pintada de mármol.
Un solo sitio con cuatro horas en vez de hora y media entre otros dos
Una galería techada que funciona como colección de pintura al aire libre
La nave de piedra detrás del reproche más repetido de la corte Qing tardía
Vistas a ras de agua y desde lo alto, que parecen jardines distintos
Coche solo para su grupo, así el trayecto no es tiempo compartido
Una salida temprana que se adelanta a los autocares
Media jornada con guía privado y coche en el Palacio de Verano, en el extremo noroeste de Pekín. Cuatro horas es la duración que le va bien a este lugar: da para recorrer con calma la orilla del lago, subir hasta las terrazas principales y enterarse de lo que se está viendo, sin la marcha forzada que resulta de encajarlo junto a otros dos sitios imperiales en un mismo día.
El recinto ronda los tres kilómetros cuadrados y unas tres cuartas partes son agua. El lago Kunming no estaba aquí por casualidad con el tamaño justo: se excavó y se amplió, y la tierra sacada se acarreó y se amontonó para formar la Colina de la Longevidad que lo domina. Las dos cosas que uno mira toda la tarde —la lámina de agua y la elevación arbolada del fondo— son una sola obra de ingeniería vista por sus dos extremos. Casi nada en el jardín es fortuito, y este es el caso más claro.
Por la orilla norte discurre el Corredor Largo: 728 metros de galería techada repartidos en 273 tramos, con más de catorce mil pinturas trabajadas en vigas y techos —paisajes, aves, flores, escenas de novelas y leyendas—. Ninguna se repite. En la práctica resguarda del sol y de la lluvia a lo largo de toda la ribera; históricamente permitía a la corte salir con cualquier tiempo, lo que para una casa imperial pesaba más de lo que parece.
Cerca del extremo occidental del corredor hay una embarcación de piedra al filo del agua. Qianlong colocó la primera en 1755. La que se ve se reconstruyó en 1893 bajo la emperatriz viuda Cixi, con dinero reservado a la armada imperial: el reproche más citado de su reinado, y de un año antes de que la flota se enfrentara a Japón en el mar. Encima hay una segunda broma: buena parte de la obra superior no es mármol, sino madera pintada para pasar por piedra. Un barco que no se mueve, hecho en parte de un material que finge ser otro, pagado con el dinero de la marina.
Lo habitual es la puerta este, los patios y salones que hay detrás, todo el corredor, el barco de piedra y las vistas de la ribera hacia el Puente de los Diecisiete Arcos. Subir a la colina o cruzar a la isla cabe si el grupo no se entretiene. Ver los tres kilómetros cuadrados enteros, no; su guía le dirá con franqueza qué entra.
Casi todo el paseo es llano, salvo la subida escalonada de la colina. Lleve el documento de identidad con el que reservó, porque en Pekín se comprueba en la entrada. Las mañanas son mucho más tranquilas que las tardes y el lago está entonces en su mejor momento.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Cuatro horas, de la recogida a la vuelta, con guía y coche solo para su grupo.
Los patios del este, el paseo por la orilla y su extremo occidental; los tres kilómetros cuadrados enteros piden una visita más larga.
Recorre casi un kilómetro por la ribera septentrional, dividido en unos cuantos centenares de tramos techados.
Varios miles de escenas cubren la madera de arriba, sacadas del paisaje, la fauna y los relatos antiguos, y ninguna se emplea dos veces.
Se levantó con la tierra retirada al excavar y ensanchar el lago que tiene a sus pies.
Qianlong puso uno allí en 1755, y la construcción actual procede de una reconstrucción de 1893 bajo la emperatriz viuda Cixi.
No. Buena parte de la estructura superior es madera pintada para parecer piedra.
Sí, lleve el documento con el que hizo la reserva, porque se comprueba en la entrada.