Experiencia seleccionada · Tblisi
Tblisi, Georgia
Una mano tallada con un cincel que pide misericordia para su dueño, tumbas reales en el suelo de una iglesia y una mezquita compartida por ambas ramas desde los años cincuenta.
Dos monumentos de la lista de la UNESCO y el casco antiguo de una capital en un día
Una iglesia levantada en el siglo VI sobre un promontorio del valle
Una catedral que coronó y enterró a una monarquía
Un trayecto lo bastante corto para que ninguna mitad vaya con prisas
Una jornada de ocho horas por la capital georgiana y la antigua ciudad real que queda media hora al norte: un paseo por el barrio histórico de Tiflis y después un trayecto a Mtsjeta para ver la catedral y la iglesia en alto sobre los ríos.
Dos mitades con un trayecto corto entre ellas. La parte urbana es caminar sobre adoquines y cuestas; la de Mtsjeta son dos monumentos y el terreno que los rodea. Ocho horas dan para ambas sin agobios, siempre que el día empiece a su hora.
En lo alto de la fachada norte de la catedral de Mtsjeta hay un antebrazo tallado que sostiene un cincel de cantero, con una inscripción que pide misericordia para la mano del hombre que la construyó. La historia que la acompaña dice que al arquitecto le cortaron la mano derecha por orden del rey para que nunca pudiera levantar nada semejante. Si la mutilación ocurrió, no se sabe; el relieve y la inscripción están ahí sin ambigüedad, puestos por alguien que quería que la acusación se recordara.
Esa misma catedral fue iglesia de coronación y de enterramiento de la monarquía georgiana durante cerca de mil años. Las tumbas reales están embutidas en el suelo de la nave, señaladas y pisadas, y entre ellas yace el último rey de una Georgia unida. Es una iglesia en uso y no un mausoleo, así que los sepulcros son sencillamente parte del pavimento que cruzas para llegar al altar.
En el barrio de los baños de Tiflis hay una mezquita que es, hasta donde puede establecerse, única: las congregaciones suní y chií rezan en la misma sala, sin separación entre ellas. El arreglo viene de los años cincuenta, cuando la mezquita chií de la ciudad fue demolida en unas obras viarias y las dos comunidades se vieron obligadas a compartir. Lo que empezó como imposición lleva setenta años funcionando.
El transporte entre las dos ciudades, el guía y la recogida en el hotel cuando se elige son lo que cubre la jornada. La entrada a cada monumento y toda la comida se resuelven aparte. En todas las iglesias hay que llevar hombros y rodillas cubiertos, y a las mujeres se les da un pañuelo en la puerta. La cancelación es gratuita hasta un día antes.
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Más o menos por la mitad: una parte a pie por el barrio histórico de la capital y después un trayecto corto al norte para la catedral y la iglesia en alto. Ocho horas cubren ambas a un ritmo razonable.
Un antebrazo que sostiene un cincel de cantero, con una inscripción que pide misericordia para la mano del hombre que construyó la iglesia. La tradición dice que al arquitecto le cortaron la derecha por orden real para que nunca pudiera igualarla.
Nadie lo sabe. Lo seguro es que el relieve y su inscripción se colocaron a propósito en la fachada por alguien que quería preservar la acusación.
Sí. La catedral fue iglesia de coronación y de enterramiento de la monarquía georgiana durante cerca de mil años, y las tumbas reales están embutidas en el suelo de la nave, señaladas y pisadas.
Las congregaciones suní y chií usan la misma sala de oración sin separación, algo que se tiene por único. Viene de los años cincuenta, cuando la mezquita chií de la ciudad se demolió por unas obras viarias.
No: la entrada a cada monumento se paga aparte, igual que las comidas. El transporte entre las ciudades, el guía y la recogida en el hotel cuando se elige sí están cubiertos.
Con hombros y rodillas cubiertos en todas las iglesias. A las mujeres se les da un pañuelo en la puerta, y el calzado cómodo importa para los tramos adoquinados de la capital.