Experiencia seleccionada · Kandy
Kandy, Sri Lanka
Una capital en la roca levantada por un rey parricida, un león reducido a dos garras, un muro de poemas milenarios y unas cuevas consagradas por un fugitivo.
Una ciudadela real del siglo V en lo alto de una roca de doscientos metros
Cuevas pintadas bajo un solo saliente, con los techos siguiendo la piedra
Una parada entre pimienta, cardamomo y clavo en crecimiento, en Matale
Coche y chófer-guía para la jornada, con los tiempos en tus manos
Un día privado desde Kandy a la fortaleza en la roca de Sigiriya y a los templos rupestres de Dambulla, con un jardín de especias en Matale por el camino y el almuerzo a mitad de jornada. De seis a nueve horas según cuánto te demores, en vehículo propio con chófer-guía.
Como no va nadie más en el coche, la forma del día se amolda a ti: más rato en la roca y menos en las cuevas, o al revés. La carretera son un par de horas en cada sentido por la llanura. La única dificultad fija es la subida: unos mil doscientos escalones, buena parte en escaleras metálicas ancladas a la pared, y sin manera de acortarla una vez empezada.
En el siglo V, Kassapa se hizo con el trono de Anuradhapura haciendo emparedar vivo a su padre y trasladó después la capital aquí, porque el heredero legítimo seguía suelto y una roca de doscientos metros se defiende mejor que una ciudad. Reinó dieciocho años desde lo alto. Cuando el hermano llegó por fin, Kassapa salió a su encuentro, su elefante se desvió para bordear una marisma, el ejército lo leyó como huida y abandonó el campo, y él se degolló allí mismo.
A media subida, las escaleras pasan entre dos garras enormes de ladrillo y estuco. Es lo que queda de un león cuya cabeza y pecho formaban la entrada: la última escalinata subía originalmente por su boca. El nombre del lugar significa roca del león, y las garras son lo único que nadie ha llegado a ver.
Por uno de los flancos corre un parapeto enlucido y pulido hasta brillar. Los visitantes de entre los siglos VIII y X grabaron versos en él: se han transcrito bastante más de mil, casi todos poemas dirigidos a las mujeres pintadas en la roca de arriba, y algunos respuesta a poemas anteriores. Es de la escritura cingalesa más antigua que se conserva, y es un grafiti. Añadir algo hoy está terminantemente prohibido.
Dambulla son cinco cuevas bajo un mismo saliente, con unas ciento cincuenta imágenes de Buda y techos pintados que siguen cada ondulación de la roca. El rey Valagamba, en el siglo I a. C., se escondió aquí catorce años tras perder el trono y consagró las cuevas al recuperarlo. Todavía rezuma agua de una grieta del techo y cae en un recipiente que nadie ha visto vacío.
Sigiriya tiene colonias de avispones en la pared de roca, y a lo largo del recorrido hay refugios de tela metálica para las contadas ocasiones en que enjambran. Lo que los altera son los ruidos fuertes y el flash cerca de los nidos. Por lo demás, el riesgo es más simple: calor, sol y ninguna sombra en las escaleras.
La entrada a la roca y a las cuevas se abona en cada acceso, no por adelantado. El almuerzo y el agua para el trayecto van incluidos. La cancelación es gratuita hasta un día antes.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Unos mil doscientos escalones, buena parte en escaleras metálicas abiertas fijadas a la pared, sin sombra y sin atajo una vez empezada. Quien esté firme en escaleras la hace; nadie la hace rápido a mediodía.
Kassapa, en el siglo V. Había usurpado el trono de Anuradhapura y esperaba el regreso de su hermano exiliado con un ejército, así que cambió una ciudad defendible por algo mejor: una cima a la que se sube por una sola escalera.
Todo lo que queda de un león cuya cabeza y pecho formaban la puerta. La escalera superior subía en su día por la boca, y de ahí viene el nombre de roca del león.
Un parapeto de estuco pulido cubierto de versos grabados por visitantes entre los siglos VIII y X: más de mil transcritos, muchos poemas a las mujeres pintadas de arriba. Escribir hoy en él está prohibido.
Cinco cuevas bajo un mismo saliente, con unas ciento cincuenta imágenes de Buda y techos pintados que siguen el contorno de la roca, consagradas por un rey que se había escondido allí catorce años.
Reales pero infrecuentes. Hay colonias en la pared de roca, refugios de tela metálica a lo largo del recorrido, y lo que suele provocar el enjambre es el ruido fuerte o el flash cerca de un nido.
No: la entrada a la roca y a las cuevas se abona en cada acceso. El almuerzo, el vehículo y el agua sí van cubiertos.