Experiencia seleccionada · Hong Kong
Hong Kong, Hong Kong
La roca columnar de casi todo el mundo es basalto oscuro. La de Sai Kung es riolita pálida de una erupción mucho más violenta: cien kilómetros cuadrados de ella, incluidos en 2022 entre los cien primeros sitios de patrimonio geológico internacional.
Formaciones columnares de una composición que casi no existe a esta escala en ningún sitio
Arena que sigue tranquila únicamente porque no llega ninguna carretera
Terreno de cerros protegido que empieza cerca de una ciudad densa
Puertos pesqueros en activo y no restaurados
Huecos y aberturas abiertos en los acantilados donde más golpea el oleaje
Una jornada completa, que es lo que exigen las distancias de aquí
Una jornada completa hacia la península de Sai Kung, en el este de los Nuevos Territorios, donde la ciudad construida se acaba y la costa pasa a ser cabos, granito y arena vacía. Ocho horas cubren el trayecto de ida, el acceso a pie o en barca a las playas y la vuelta; y la gracia del asunto es que este es el mismo territorio que el perfil de rascacielos, a cuarenta minutos.
Hay columnas hexagonales de roca en varios lugares célebres, y casi todas son de basalto: oscuro, pesado, con poca sílice, formado por lava fluida que se enfrió y se agrietó en pilares.
Las columnas de Sai Kung no son de basalto. Son de riolita: pálida, rica en sílice, residuo de una erupción mucho más violenta ocurrida hace unos ciento cuarenta millones de años. Columnas de esta composición y a esta escala son casi únicas: la formación se extiende por unos cien kilómetros cuadrados de costa e islas y en 2022 figuró entre los cien primeros sitios de patrimonio geológico reconocidos internacionalmente. Al pie de ellas, lo que las delata es el color: son de un tono del todo equivocado para lo que uno espera de un acantilado de columnas.
La bahía del lado oriental de la península reúne una hilera de playas sin carretera. Se llega a pie por los cerros o en barca rodeando el cabo, y ese único hecho es la razón de que sigan tranquilas en un territorio de siete millones y medio de personas. No tienen nada más de particular —arena clara y gruesa, agua limpia, un cerro detrás— y en eso consiste justamente el asunto.
Llegar es una decisión, no un desvío. Cuente con una caminata de verdad por terreno irregular o con una barca pequeña y un desembarco entre el oleaje, según cómo se organice el día y cómo esté el mar.
Pueblos pesqueros todavía en activo, marisco desembarcado y vendido en el paseo marítimo de la villa de Sai Kung, laderas dentro de los límites del parque rural y cuevas y arcos marinos en las costas más expuestas. La península es grande y sus carreteras, lentas.
Es una jornada al aire libre y la manda el tiempo. El acceso en barca depende del oleaje y puede retirarse la misma mañana. Hay poca sombra en los cabos y ninguna tienda en las playas, así que el agua y la comida van con usted. Los senderos están erosionados en tramos y resbalan tras la lluvia. Bañarse aquí es sin vigilancia, y el oleaje del lado expuesto es más fuerte de lo que parece desde arriba.
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Ocho horas, incluido el trayecto de ida y vuelta a la península.
Son de riolita y no del basalto que forma casi todas las demás formaciones columnares del mundo.
La riolita es rica en sílice y procede de un tipo de erupción mucho más violento, así que columnas de esta composición y a esta escala son casi únicas.
Proceden de una erupción de hace unos ciento cuarenta millones de años.
Se extiende por unos cien kilómetros cuadrados de costa e islas.
Sí. Un listado mundial publicado hace cuatro años la situó en la primera hornada de lugares de patrimonio geológico designados.
A pie por los cerros o en barca pequeña rodeando el cabo; no hay carretera hasta ellas.
No, y el oleaje del lado expuesto es más fuerte de lo que parece desde arriba.