Experiencia seleccionada · Madrid
Madrid, España
Entrada a la colección madrileña que existe para rellenar los huecos dejados por el gusto real, colgada cronológicamente desde la última planta hacia abajo para que cinco siglos lleguen en orden mientras desciendes.
The institution is one of Madrid's most important art museums and is part of the Golden Triangle of Art
It houses over 1,600 masterpiece paintings created by renowned artists such as Rembrandt, Gauguin and Picasso
Enjoy viewing a diverse collection of art dating back to the 13th century to the avant-grade works of the 20th century
By exclusive items inspired by the iconic works of art created by well-known artist , designers and local artisans !
Las escuelas y épocas que faltan en las otras colecciones de la ciudad
Un recorrido cronológico que baja por el edificio
Tablas tempranas, interiores holandeses, impresionismo y movimientos del siglo XX en una visita
Un palacio reconvertido dispuesto según la secuencia del montaje
Una colección lo bastante pequeña para verla bien de una vez
Entrada a tu ritmo, sin hora de salida fijada
Entrada al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, el tercer vértice del triángulo museístico de la ciudad y el más fácil de explicar: guarda lo que no tienen los otros dos.
La colección se formó a lo largo de dos generaciones de una misma familia, y se armó a propósito como un recorrido: una línea que va del siglo XIV al final del XX, con un ejemplo de cada cosa en vez de un montón de una sola.
De ahí sale un museo que se puede recorrer de verdad. La colección real española se formó con lo que a cada monarca le gustaba comprar, así que el fondo nacional es magnífico en unas direcciones y está vacío en otras. Aquí se rellenan los huecos: tabla italiana temprana, interiores holandeses, expresionismo alemán, impresionistas, paisaje americano y los movimientos del siglo XX que nunca entraron en un palacio español.
El montaje es cronológico desde la última planta hacia abajo. Sube primero y desciende: quinientos años llegan en orden, escalera a escalera. Hazlo al revés y pasarás la visita caminando hacia atrás por la historia del arte, que es una forma sorprendentemente eficaz de que no se te quede nada.
El edificio es un palacio reconvertido, y la reforma se pensó en torno a esta idea: salas lo bastante pequeñas para sostener la atención, en una secuencia con un único sentido razonable.
A finales del siglo XX esta era una de las mayores colecciones privadas del mundo, y dónde acabaría se convirtió en una cuestión internacional, con varios estados haciendo ofertas. Vino aquí, primero en préstamo y luego por compra, y el palacio junto al Prado se rehabilitó para alojarla.
Las paredes interiores son de un terracota rosado suave, elegido en contra del criterio de quienes pensaban que un museo debe ser blanco. Y funciona: el color sostiene los fondos de oro y los interiores holandeses oscuros mucho mejor que el blanco.
La fuerza está en la amplitud, así que el placer está en comparar. Con dos salas de por medio se ve cómo un pintor flamenco y otro italiano, trabajando en la misma década, discrepaban por completo sobre lo que hace la luz. Los retratos a lo largo de cinco siglos lo dejan claro aún más deprisa.
Es un museo abarcable, y esa es su otra ventaja: una visita completa es cuestión de horas y no una campaña, y la entrada permite ir al ritmo de cada cual. La colección permanente ocupa tres plantas, las muestras temporales suelen estar abajo y las horas más tranquilas son las primeras. Los bolsos grandes van al guardarropa y las normas de fotografía están indicadas a la entrada de cada sala.
Ábrela para elegir fecha y calcular el precio.
Qué cubre el precio y qué conviene presupuestar aparte.
El detalle práctico y las respuestas que la gente pide de verdad.
Se formó como panorama y no según el gusto real, así que cubre los periodos y escuelas que las colecciones nacionales nunca adquirieron.
Dos generaciones de una misma familia, comprando con el propósito declarado de representar todo el arco de la pintura occidental y no una sola escuela.
Primero hacia arriba y después bajando. El montaje es cronológico desde la última planta, así que descender es avanzar en el tiempo.
Horas, no un día entero. Su tamaño es deliberadamente abarcable y la entrada no fija cuánto tiempo puedes quedarte.
A finales del siglo XX la querían varios países; vino primero en préstamo y después se compró, con un palacio rehabilitado para alojarla.
Porque el color se eligió para sostener las tablas de fondo dorado y los interiores oscuros, cosa que hace mucho mejor que el blanco.
Comparar en vez de ir tachando: un mismo asunto o una misma década pintados en dos tradiciones, que es para lo que sirve una colección panorámica.
Suelen montarse en el nivel inferior y se presentan de forma separada de las plantas permanentes.